Estás en el Blog de Artes Gráficas de la Unidad de Día con Terapia Ocupacional Realidad 2001 de ASPROGRADES, centro promovido y gestionado por la Asociación de Personas con Discapacidad Intelectual de Granada. Aquí exponemos algunas de nuestras mejores obras, a la vez que te ofrecemos una muestra de los productos que manufacturamos diariamente. Además, te invitamos a que nos acompañes en el proceso creativo de nuestros proyectos, desde los bocetos previos hasta el resultado final.



Textos

En esta sección te ofrecemos algunos de los relatos que creamos en el taller, con la intención de recopilarlos e ilustrarlos posteriormente.

El Boomerang, por Javier Alcocer. 

La historia trascurre en Osaka, corría el año 1945 y Estados Unidos estaba en guerra con Japón. Grandes nubes de humo se levantaban con cada ataque americano. Shin era un muchacho japonés de 14 años que vivía en las calles porque su casa fue derribada por una bomba con su familia dentro. Llevaba varios días  en la calle mendigando y comiendo lo que encontraba, hacía un tiempo que los ataques habían cesado pero ya no quedaba nada: su escuela quedó totalmente destruida, no había bibliotecas, ni parques, ni árboles. Todo estaba desolado. Las calles estaban desiertas, no había agua, tenían que beber en los abrevaderos de los animales.

Cierto día que Shin se encontraba jugando en la calle escuchó ruido de aviones y la gente comenzó a correr de un lado para otro. ¡Los americanos nos atacan! gritaban una y otra vez. Shin también huyó; corrió y corrió alejándose cada vez mas, hacia las montañas, sin saber que había cometido un lamentable error, “no se que es peor, que me detengan los americanos o morir de hambre y sed en estas montañas”, pensó el muchacho. No tenía elección, así que no tuvo más remedio que encaminarse por las montañas hasta el pueblo más cercano. Después de andar horas y horas bajo un sol abrasador se sentó al lado de unas ruinas. De pronto escuchó un grito lastimero dentro de un pozo cercano. Shin se acercó para ver que era, y pudo ver un aborigen de corta edad dentro del pozo llorando. “Espera, te echaré una cuerda”, dijo el joven. Desde el exterior, Shin utilizó una vieja cuerda que había en el suelo, y gracias a una polea y un cubo pudo hacer una especie de silleta para poder sacar al niño. Al salir del pozo, el niño habló en un idioma que Shin desconocía. Éste, al ver que no lo entendía, lo tomó del brazo y le dio un boomerang y acto seguido se fue. Shin se quedo mirando el objeto “¿de que me puede servir un boomerang aquí?” se preguntó, después se lo metió en el cinto y se fue. La tarde siguiente el niño se encontró algunos frutos secos y así pudo comer algo, pero de agua ni rastro. Hizo noche allí y a la mañana siguiente de despertó para seguir su larga marcha en busca de libertad y paz. El sol seguía sin darle tregua y  Shin ya estaba bastante deshidratado a pesar que había comido algo. “Ya no puedo mas”, dijo dejándose caer. El muchacho cogió el boomerang y gritó “¡no me sirves para nada!”,  lo tiró lejos de él, el objeto emitió unos giros y luego cayó a lo que parecía un valle. “que raro”, pensó. “Debería haber vuelto”.  El niño siguió con la vista el boomerang, y cuando llegó abajo se llevo las manos a la cabeza, pues había encontrado un lago rodeado de árboles frutales y animales pastando. El niño, loco de alegría después de llevar varios días sin beber agua, se metió en el lago y pudo ver el boomerang a su lado. Gracias a él había conseguido sobrevivir.

Historias de medianoche, por Javier Alcocer.  (Presentado a concurso de FEAPS)

Todo comienza en enero de1950. Recuerdo esa fecha porque todavía había adornos de Navidad en casas y comercios, y tampoco habían quitado el iluminado de las calles.
Mi mujer Margaret y yo estábamos buscando una casa donde poder vivir, nos mudamos para escapar de nuestras respectivas parejas y como no teníamos hijos nos era fácil encontrar casa. Habíamos visto un viejo caserón en un anuncio con todo amueblado y tres cuartos de baño, cuatro habitaciones, buhardilla y dos salones, aunque lo mejor de todo era su  precio. Decidimos ir a verla, estaba en la calle Legazpi 66 de Madrid, la casa tenía un amplio jardín con un columpio algo destartalado. Además había una antigua cabaña como la que me hizo mi padre cuando era pequeño.
– Mira cariño, para cuando tengamos hijos –dije señalándola– quizás con una pequeña reforma quede bien.
A la cabaña le faltaban algunos peldaños y pintarla por dentro, después quedaría perfecta.

Nos citamos con los antiguos inquilinos en la puerta de la casa. Como no se veían, decidimos llamar. Si el exterior era increíble, la fachada de la casa era sensacional: estaba adornada con cabezas de angelitos hechos a mano, y unas grandes columnas sujetaban la parte de la entrada. Volví a llamar, pues habíamos quedado a las 12:00 y ya eran las 12:30. Al poco tiempo, la puerta se abrió y pudimos ver a una niña toda vestida de blanco y con la cara bastante pálida.
–¿que desean? – dijo la niña amablemente.
–¿Están tus padres en la casa? – dijo mi mujer
– No están en estos momentos  respondió, esbozando una sonrisa. Hizo una pausa y dijo: Ustedes vienen a ver la casa, ¿verdad? 
– Si, habíamos quedado aquí pero no han venido y nos decidimos a llamar.
La niña se apartó de la puerta para que pudiésemos pasar.
–Vengan, yo les enseñare la casa. – dijo.
Margaret se había quedado impresionada con tan solo ver la entrada: estaba adornada como las típicas casas de época, grandes candelabros colgaban de la pared, y una increíble lámpara de araña lucía en el techo.
La niña nos enseñó habitación por habitación toda la casa. Subimos al piso de arriba, observé que las escaleras estaban forradas con terciopelo rojo y le daban un aire muy bonito. La niña nos llevó hasta una vieja puerta de madera y quedo parada delante.
Tomó de la mano a mi mujer y la invitó a entrar al cuarto, cuando entró se quedó impresionada: todo estaba lleno de muñecas de la época victoriana.
– Qué bonitas, este debe ser tu cuarto, ¿verdad? – preguntó Margaret.
 La niña se quedó mirando por la ventana inmóvil como una estatua.
– Me gustaría mucho que vuestro hijo durmiera aquí  –dijo–  desde aquí se ve toda la ciudad.
Mi mujer la miró y dijo que ya se vería, pero la niña se puso tan insistente que Margaret no tuvo otro remedio que salir de allí.
En ese momento, alguien abrió la puerta de la entrada: eran los dueños de la casa.
– ¿Cómo han entrado ustedes? me aseguré antes de irnos de que la puerta estuviese bien cerrada.  – Dijo el hombre.
 – Perdonen las molestias–respondí– pero nos abrió la puerta una chica de unos 12 años con un vestido con encajes blancos.
  ¡Es Bárbara! –gritó la mujer, mirando a su marido.
 –Bárbara, nuestra hija,  murió apenas hace 4 días de una pulmonía –nos informó el hombre.

Los dueños de la casa les enseñaron el resto del caserón y acordamos que ya los llamaríamos,  saliendo a toda prisa de allí.
Con el  tiempo encontramos una casa más humilde y nos alegramos de que no nos abriera ningún fantasma.


 
La venganza de Chucky (precuela de Muñeco Diabólico), por Javier Alcocer.

Nota del autor:

Mi historia esta basada en la película de muñeco diabólico, yo solo me voy a limitar a reinventar la historia desde sus orígenes:

Supongo que todos os acordareis  de Chucky, aquel famoso muñeco Good Guys poseído por el alma de Charles Lee Ray (papel que interpretó en su día Brad Dourif)  un despiadado asesino en serie que por medio de un conjuro vudú logró meter su alma en el muñeco para así poder vengarse del policía que lo mató (papel interpretado por Chris Sarandon, también conocido por su papel de vampiro en Noche de miedo), y ahora vayamos a los orígenes de Chucky:

Charles Lee Ray nació en el año 1940 en Chicago, dentro de una familia con pocos recursos económicos, su verdadero padre murió en extrañas circunstancias  cuando el no había nacido todavía. Nadie supo nunca como murió exactamente,  pero todos decían que trataba con el diablo. También se dedicaba a extorsionar, blanquear dinero y al narcotráfico; vamos, que no era un santo. Pasó cierto tiempo en la cárcel por intentar estrangular a una niña de12 años,  pero antes de eso conoció a Margaret Ray, de esa relación nació Charles Lee Ray, que mas tarde se dedicaría a seguir los pasos de su padre. Cuando nació, su padre ya no estaba vivo,  por lo que su madre se volvió a casar con otro hombre llamado James Lee, adoptando así el niño su apellido. El tiempo pasaba y Charly, como le llamaba su padre adoptivo, creció hasta cumplir la edad de ir al colegio. Él no sabía nada acerca de su padre biológico pero la gente sí, por eso no fue muy bien recibido. Caminaba por los pasillos y la gente le insultaba por la espalda. El niño era bastante extraño, tenia hobbies bastantes peculiares. Desde su edad más temprana empezó a gustarle todo lo macabro. Una vez en clase, con un martillo mató a un hámster, los niños se levantaron horrorizados gritándole “¡asesino, asesino!”; pero a él no pareció importarle, mas bien parecía que sonreía de placer.
A  la edad de 15 años mató a sus padres, alegando que su verdadero padre le dijo en sueños que lo hiciera.  Él, como hemos dicho antes, no sabía mucho de su padre, pero le admiraba terriblemente.  Fue llevado a un correccional y  allí conoció al que seria su único y mejor amigo, Eddy William Karman, más conocido como Eddy Caputo, un delincuente juvenil encerrado por delitos menores. Eddy nunca había tenido familia pues lo abandonaron de niño, las bandas callejeras lo encontraron y se lo quedaron para que les hiciera el trabajo sucio. Pasado el tiempo decidió irse por su cuenta, y un día que se encontraba robando en una joyería, lo trincaron. Tuvo un juicio y fue ingresado en el correccional donde conoció a Charly. Ya desde el principio se empezaron a entender, y se crearon tan mala fama que ningún recluso quería estar con ellos. Hasta los más grandes evitaban encontrárselos, y ellos pasaban juntos la mayor parte del tiempo. Por aquellos días, Charly se empezó a interesar por la magia negra y eso lo distanció un tiempo de Eddy. En esa época no salía de su cuarto ni comía con los otros reclusos, siempre ensimismado con su lectura.
Habían pasado ya tres años y cumplieron su condena. Eran libres  y volvieron a sus fechorías. Si Charly era malo solo, ahora con Eddy eran temibles: joyerías, bancos, tiendas, nada los paraba y sin tenían que asesinar a alguien lo hacían sin contemplaciones. Después de esa racha, estuvieron un tiempo sin verse, Charles se fue al interior de Brasil porque quería saber mas acerca del vudú, y allí conoció al gran hechicero Nanaki, que le enseñó todo lo que el sabia y le ofreció El corazón de Dambala, un amuleto con el cual, por medio de un conjuro podría meter su alma en cualquier cuerpo. Charly no le creyó mucho, pero cogió agradecido el regalo, y se marchó a Chicago de nuevo. Ya no se hacia llamar Charles ahora se apodaba Chucky, y ya no le importaba robar, se había convertido en un frío asesino. Desde su regreso había matado junto a su viejo amigo Eddy a unas 100 personas, y otras tantas seguían desaparecidas. La policía estaba tras la pista de ellos. Hay que señalar que Eddy no era tan despiadado, solo le interesaban los robos, él no mataba a nadie si no era necesario, Chucky, en cambio, disfrutaba haciéndolo. Cierta noche estaban robando una joyería y la policía les sorprendió en mitad del trabajo. Eddy fue a por su Mustang rojo para salir a escape. Chucky se había encargado del policía a su manera, pero fuera les estaban esperando mas “¡es una encerrona!”,  gritó Eddy desde el coche “¡date prisa Chucky!”, pero antes de que éste pudiera alcanzar el coche, un disparo le atravesó el abdomen provocándole una grave herida. Mientras tanto, Eddy salió corriendo sin atender a su amigo “¡esta bien, Charles!, se acabó, ¡ríndete!”  dijo la policía. Charly puso la mano en la herida para taponarla,  pero el sabia que no le quedaba mucho tiempo de vida y gritó: “¡Escuchadme todos! me voy a vengar de Eddy y del policía que me disparó”, Charly giró la cabeza, vió una juguetería, y se dirigió hacia ella. Así nació el famoso muñeco Good Guys conocido como Chucky…